Klix cuestionó el “ego” y la “incapacidad” de Riquelme al frente de Boca

Tras dos partidos sin goles en la Bombonera y con apenas tres tiros al arco, Walter Klix cargó con dureza contra Juan Román Riquelme y apuntó al “ego” del presidente como eje del mal momento futbolístico e institucional que atraviesa Boca.
La crisis futbolística de Boca volvió a encender el debate político puertas adentro del club. Tras dos partidos consecutivos en la La Bombonera en apenas cinco días, con saldo de cero goles y apenas tres tiros al arco, las críticas ya no se limitan al rendimiento dentro de la cancha: apuntan directamente a la conducción institucional.
Quien elevó el tono fue Walter Klix, referente del Movimiento Sangre Bostera, que publicó un duro mensaje contra la actual gestión encabezada por Juan Román Riquelme.
“El ego de Riquelme le impide ver que fue un gran jugador de fútbol, pero un pésimo compañero de vestuario, un pésimo dirigente, un paupérrimo presidente y también un desastroso director técnico ya que Riquelme forma el equipo hace seis años”, escribió Klix en sus redes, en un texto que rápidamente se viralizó entre socios e hinchas.
En su análisis, el dirigente opositor vinculó el presente deportivo con lo que considera una concentración excesiva de poder en la figura del ídolo xeneize. “Su ego y su incapacidad para hacer cualquier cosa en la vida que no sea patear una pelota nos trajo hasta este momento, la nula ilusión de ganar algo este año. La camiseta pesa, pero no hace milagros”, sostuvo.
El ex candidato a intendente de Escobar dijo que la falta de resultados no es un hecho aislado, sino la consecuencia de una estructura que —según su mirada— no admite autocrítica ni debate interno. En ese sentido, apuntó a la responsabilidad directa del presidente en la conformación del plantel y en las decisiones futbolísticas estratégicas.
En un club donde la línea entre ídolo y dirigente suele ser difusa, el debate sobre liderazgo, gestión y resultados vuelve a instalarse con fuerza. Y mientras la pelota no entra, las palabras —y las internas— ocupan el centro de la escena.









