Cuando el cambio necesita gestión

Por qué Diego Santilli representa el perfil que necesita esta nueva etapa del Gobierno. Por Damián Pérez (*).
La Argentina está entrando en una etapa distinta. Durante el último año y medio el debate político estuvo atravesado por una pregunta central: ¿era posible cambiar el rumbo de un país que llevaba décadas de estancamiento, inflación y frustración?
Hoy, sin desconocer que todavía quedan enormes desafíos por delante, esa discusión empieza a transformarse. El desafío ya no es solamente impulsar el cambio. El verdadero desafío es consolidarlo.
Y consolidar un proceso de transformación exige algo diferente a lo que demandó su inicio. Requiere menos épica y más gestión. Menos discursos y más coordinación. Menos improvisación y más capacidad para ejecutar.
En esa transición, el rol del Jefe de Gabinete adquiere una importancia estratégica.
Muchas veces se interpreta esa función desde una lógica meramente política. Sin embargo, quienes conocemos el funcionamiento del Estado sabemos que se trata, probablemente, del cargo más complejo del Poder Ejecutivo. Su misión no consiste en ocupar el centro de la escena, sino en lograr que un gobierno funcione como un equipo. Coordinar ministerios, resolver diferencias, ordenar prioridades, construir consensos con gobernadores y con el Congreso, y garantizar que las decisiones del Presidente se transformen en políticas públicas concretas.
En definitiva, hacer que las cosas sucedan.
Por eso considero que la designación de Diego Santilli no responde solamente a un nombre propio. Representa una decisión política sobre la etapa que comienza.
A lo largo de su trayectoria, Santilli ha construido un perfil que combina experiencia de gestión, conocimiento del Estado y una reconocida capacidad para conformar equipos de trabajo. Quienes lo conocen saben que nunca necesitó ser el dirigente más estridente para ser uno de los más influyentes. Su fortaleza siempre estuvo en la gestión y en la construcción de acuerdos que permitan alcanzar resultados.
No es casual que, en cada una de sus recientes intervenciones públicas, haya evitado poner el foco en sí mismo. Mientras muchos especulan sobre cargos o candidaturas, Santilli insiste en un mensaje diferente: el liderazgo es del presidente Javier Milei, las reformas deben profundizarse y la responsabilidad del Jefe de Gabinete es coordinar al equipo de gobierno para que esas reformas se concreten. Esa mirada revela una comprensión muy clara de cuál debe ser el rol de quien ocupa esa función.
Hay otra razón por la que considero acertada esta decisión.
Las reformas estructurales no terminan cuando una ley se aprueba en el Congreso. Allí, en realidad, comienzan. Porque cada reforma necesita reglamentación, coordinación entre organismos, diálogo con las provincias, seguimiento permanente y capacidad de resolver problemas que aparecen durante la implementación.
La Argentina ha conocido demasiados planes que fracasaron no por falta de ideas, sino por falta de gestión.
Por eso esta nueva etapa necesita dirigentes que entiendan que gobernar también significa coordinar, escuchar, ordenar y ejecutar.
Desde Escobar sabemos que no alcanza con el marketing, los carteles sobre la Panamericana o una buena estrategia en redes sociales. Gobernar es mucho más que construir un relato; es gestionar, coordinar equipos y lograr que las decisiones se traduzcan en resultados concretos para los vecinos. Esa es la diferencia entre administrar una imagen y administrar un Estado.
La política recupera legitimidad cuando produce resultados.
Estoy convencido de que la Argentina necesita consolidar el rumbo iniciado por el presidente Milei. Pero también creo que esa consolidación dependerá, en gran medida, de la capacidad del Gobierno para transformar una visión política en hechos concretos.
En ese desafío, Diego Santilli reúne condiciones difíciles de encontrar: experiencia ejecutiva, capacidad de articulación, conocimiento del Estado y una profunda convicción de que el protagonismo debe ser del proyecto antes que de las personas.
Porque las transformaciones históricas no se sostienen únicamente con liderazgo.
También necesitan gestión.
(*) Concejal de La Libertad Avanza Escobar







