¿Mudarnos todos a Catamarca?

Hace unos días, Federico Sturzenegger dibujó una Argentina sorprendente. Una Argentina donde un millón y medio de personas se mudan a Neuquén, otro millón a Catamarca y cientos de miles a San Juan atraídos por el petróleo, el litio y la minería. Por Mariana Huber (*).
La imagen es impactante. Casi una nueva configuración del país.
Por un momento imaginé ciudades duplicando su población, barrios enteros construyéndose en pocos años, escuelas, hospitales y rutas creciendo al ritmo de una migración masiva. Porque eso es lo que implicaría semejante movimiento demográfico.
Pero después apareció una pregunta mucho más simple.
¿Dónde están esos empleos?
Porque mientras algunos funcionarios imaginan millones de argentinos trasladándose hacia las provincias mineras, los datos muestran una realidad bastante distinta. Según informes del Instituto Interdisciplinario de Economía Política de la UBA y el CONICET, desde diciembre de 2023 se perdieron más de 314.000 puestos de trabajo registrados. Solamente en marzo desaparecieron otros 11.000.
La industria pierde empleo. El comercio pierde empleo. El trabajo asalariado formal sigue retrocediendo.
Frente a estos números suele aparecer una respuesta: crecieron los monotributistas.
Pero conviene detenerse un momento en esa afirmación.
Trabajan. Claro que trabajan.
Porque detrás de cada estadística hay una familia que necesita seguir adelante. Hay padres y madres que hacen lo imposible para pagar el alquiler, llenar la heladera o sostener los estudios de sus hijos.
Pero no es lo mismo tener un empleo registrado, con cierta estabilidad y previsibilidad, que encadenar repartos, changas o trabajos temporarios para cubrir gastos cada vez más difíciles de afrontar.
La verdadera pregunta no es cuánta gente trabaja. La verdadera pregunta es cuánta gente puede vivir dignamente de su trabajo.
Porque cuando se pierden más de 314.000 empleos registrados mientras se celebran formas laborales cada vez más precarias, no estamos discutiendo solamente estadísticas. Estamos discutiendo qué tipo de trabajo queremos para la Argentina y qué futuro les estamos ofreciendo a quienes se esfuerzan todos los días.
Y aquí aparece otra contradicción.
El Gobierno presenta a la minería como la gran generadora de empleo del futuro. Sin embargo, incluso los informes económicos muestran que sectores como la minería aumentan su producción sin que eso se traduzca necesariamente en más puestos de trabajo. Se extrae más, se exporta más y se factura más, pero el empleo no crece al mismo ritmo.
A esto se suma una noticia que pasó casi desapercibida, pero que merece atención.
Un importante proyecto minero decidió importar desde China módulos habitacionales completos para alojar a sus trabajadores. No hablamos de una pieza específica o de una tecnología inexistente en el país. Hablamos de estructuras enteras. De una pequeña ciudad prefabricada.
Empresas argentinas denunciaron que ni siquiera tuvieron la oportunidad de competir.
La pregunta entonces es inevitable.
Si las viviendas vienen de China, si parte de la maquinaria viene de China, si numerosos insumos llegan desde el exterior y si los proveedores locales quedan fuera de los proyectos, ¿dónde está el derrame de empleo que se nos promete?
Durante años se nos explicó que el gran beneficio de la minería no era solamente la extracción de recursos. También sería el desarrollo de proveedores nacionales, empresas regionales, servicios, logística, construcción y trabajo argentino.
Sin embargo, cada vez aparecen más señales que invitan a revisar esa expectativa.
Incluso en muchos emprendimientos mineros, la mayor demanda de personal se concentra durante la etapa de construcción. Una vez terminadas las obras, las dotaciones se reducen drásticamente. Allí donde trabajaban miles de personas quedan cientos. En algunos casos, la operación permanente requiere apenas una pequeña fracción del personal inicialmente contratado.
Por eso cuesta comprender cómo se llegará a las cifras que plantea Sturzenegger.
Nadie discute la importancia de Vaca Muerta, del litio o del cobre. Argentina debe aprovechar sus recursos estratégicos. Sería irresponsable hacer lo contrario.
Pero una cosa es impulsar sectores que generen divisas y otra muy distinta es construir la expectativa de que millones de argentinos deberán mudarse para encontrar oportunidades laborales que todavía no aparecen reflejadas en los datos.
Porque el desarrollo no ocurre simplemente cuando salen más barcos cargados de recursos naturales. El desarrollo ocurre cuando esa riqueza se transforma en trabajo, en empresas, en innovación, en infraestructura y en oportunidades para la gente.
Desde CONSOLIDACIÓN ARGENTINA creemos que el desafío no es elegir entre inversión o producción nacional. El desafío es lograr que las inversiones generen trabajo argentino, proveedores argentinos y desarrollo argentino.
Porque el verdadero éxito de nuestros recursos naturales no se medirá por las toneladas exportadas ni por los dólares que ingresen al país. Se medirá por la cantidad de familias que puedan construir un proyecto de vida a partir de ellos.
Y esa discusión merece mucho más que una proyección optimista. Merece respuestas concretas.
(*) Concejal. Consolidación Argentina – Escobar









