¿Incendiar para reconstruir? Nerón, Milei y una vieja tentación argentina

No sé si Milei es Nerón, ni si Nerón realmente incendió Roma. Los historiadores todavía discuten ese episodio. Pero sí me preocupa una idea que aparece una y otra vez a lo largo de la historia: la creencia de que para construir algo nuevo primero hay que destruir lo que existe. Por Mariana Huber (*).
Cuando escucho que todo lo anterior fue un fracaso, que las universidades son un gasto, que la ciencia es un privilegio, que los jubilados deben seguir esperando, o cuando veo industrias que cierran y trabajadores que pierden su empleo, me pregunto si no estamos recorriendo nuevamente un camino que Argentina ya transitó.
En los años noventa se nos prometió modernización, apertura e integración al mundo. Algunas variables mejoraron, pero también vimos desaparecer capacidades productivas que habían tardado décadas en construirse. Sectores industriales estratégicos fueron perdiendo terreno mientras otros países, especialmente Brasil, fortalecían su industria, desarrollaban tecnología y consolidaban cadenas de valor que hoy generan empleo y crecimiento.
Por eso la pregunta de fondo no es si el equilibrio fiscal es necesario. Claro que lo es. La verdadera pregunta es qué país queremos construir después de ordenar las cuentas.
¿Queremos una Argentina que agregue valor a sus recursos, que produzca tecnología, que desarrolle industria nacional, que fortalezca sus universidades y genere empleo de calidad? ¿O una Argentina limitada a exportar minerales, petróleo, gas, litio y granos mientras importa cada vez más bienes industrializados?
Porque cuando una fábrica cierra no sólo se pierden puestos de trabajo. También se pierde conocimiento, experiencia acumulada, innovación, capacidad productiva y soberanía económica.
No me preocupa que Argentina ordene sus cuentas. Me preocupa que, en el camino, pierda aquello que le permite crecer: sus trabajadores, sus industrias, sus universidades, sus científicos y sus jubilados. Porque un país no se mide solamente por sus balances; también se mide por las oportunidades que ofrece a su gente.
Y quizás ahí esté el desafío de nuestra generación política: salir de una discusión donde unos sólo hablan de números y otros sólo hablan de consignas. Tender puentes. Entender que el equilibrio fiscal es una herramienta, pero que el desarrollo humano debe seguir siendo el objetivo.
ESA ES LA CONVICCIÓN QUE IMPULSA A CONSOLIDACIÓN ARGENTINA: construir una Argentina que produzca, innove, eduque, genere empleo y vuelva a ofrecer un horizonte de progreso para todos.
(*) Concejal de Consolidación Argentina.








