Antes de cambiar una fecha, hay que probar que está equivocada

En las últimas semanas ingresó al Honorable Concejo Deliberante de Escobar la Nota N° 4259, mediante la cual se solicita el reconocimiento del 5 de noviembre de 1751 como hito originario histórico de Belén de Escobar y el reencuadre del 4 de marzo de 1877 como hito urbano, inmobiliario y ferroviario. Por Gustavo García (*).
La historia no es una ciencia cerrada y toda investigación seria puede aportar nuevos elementos para comprender mejor nuestro pasado. Sin embargo, también es cierto que las conclusiones históricas no se modifican simplemente porque aparezca una nueva interpretación. Para revisar una fecha oficialmente establecida se necesitan pruebas capaces de superar las que le dieron origen.
Y aquí es donde conviene recordar cómo se llegó a reconocer el 4 de marzo de 1877 como fecha de nacimiento del pueblo de Belén.
No fue una decisión improvisada ni una ocurrencia política. Fue el resultado de una extensa investigación documental realizada por Alfredo Melidore y Rubén Decima a partir de un histórico folleto de remate facilitado por la vecina Luisa “Cata” Gnemmi. Aquel documento anunciaba la venta de lotes para la formación de un nuevo pueblo denominado “Belén”, pero no consignaba el año.
La tarea de los investigadores consistió precisamente en reconstruir ese dato. Para ello recurrieron a escrituras, archivos, antecedentes ferroviarios, documentación notarial y múltiples fuentes históricas. El resultado de ese trabajo permitió establecer que el remate se realizó el domingo 4 de marzo de 1877, fecha que marcó el inicio del loteo y poblamiento del nuevo núcleo urbano surgido junto a la estación Escobar.
Aquella investigación fue respaldada por otros reconocidos estudiosos de la historia local, entre ellos Juan Pablo Beliera, Aldo Abel Beliera y Arnoldo Gnemmi. Posteriormente, el concejal Alberto Ranne presentó el proyecto correspondiente en el Concejo Deliberante. Tras años de debate, la iniciativa fue finalmente aprobada por unanimidad el 23 de febrero de 1996 mediante la Ordenanza N° 2016.
Es decir, la fecha vigente no nació de una tradición oral ni de una decisión administrativa. Nació de una investigación histórica, de un consenso entre investigadores y de una decisión institucional adoptada por unanimidad.
El aniversario del pueblo de Belén no es una estrategia política que puede cambiarse cada dos años (en el mejor de los casos). Responde a investigaciones que fueron avaladas por cuestiones fácticas, el aval de otros historiadores, la sociedad y el propio Concejo Deliberante, hace tres décadas.
La sociedad fue cambiando y con ella, también los legisladores que hoy deben leer, analizar (en el mejor de los casos) y tomar una decisión clave: cambiar la historia. Y para ello deben estar a la altura de las circunstancias.
Por supuesto que nadie discute que la historia de estas tierras sea muy anterior a 1877. Existieron pobladores, estancias, caminos y acontecimientos relevantes mucho antes de la creación del pueblo de Belén. Pero reconocer antecedentes históricos no necesariamente implica modificar la fecha que identifica el nacimiento de una comunidad organizada.
Ese es, quizás, el punto central del debate.
Una cosa es el origen histórico de un territorio. Otra muy distinta es el nacimiento de un pueblo.
Cuando en marzo de 1877 comenzaron a venderse los lotes del nuevo amanzanamiento proyectado por Eugenia Tapia de Cruz, cuando existía un plano protocolizado, cuando ya se hablaba del “Pueblo de Belén” en las escrituras de la época y cuando el ferrocarril impulsaba el crecimiento de aquella nueva población, ocurrió algo más que un simple hecho inmobiliario. Comenzó a tomar forma el pueblo que con el tiempo se convertiría en la actual ciudad cabecera del distrito.

¿Cuán sagaz el rigor histórico del autor del proyecto, Gustavo Issetta? Aquí, una columna escrita en la revista Imágenes y Testimonios.
Por eso, antes de modificar una fecha que lleva casi tres décadas de reconocimiento oficial, los concejales deberían formularse una pregunta sencilla pero fundamental: ¿las pruebas presentadas son suficientemente contundentes como para reemplazar una conclusión histórica que ya fue investigada, documentada, debatida y aprobada institucionalmente?
Porque la historia puede revisarse. Lo que no debería revisarse con ligereza es aquello que forma parte de la memoria colectiva de una comunidad.
Y cuando se trata de la historia de Escobar, la responsabilidad de demostrar que una fecha está equivocada corresponde a quienes pretenden cambiarla, no a quienes sostienen una conclusión que durante décadas fue respaldada por documentos, investigaciones y una ordenanza votada por unanimidad.
La historia merece debate. Pero también merece rigor. Y el rigor exige pruebas. Siempre.
(*) Descendiente de Doña Eugenia Tapia de Cruz









