Es hora de sustantivar la política

La Argentina parece haberse acostumbrado a una política que gira alrededor de Buenos Aires, de las disputas entre dirigentes y de los agravios que ocupan diariamente los medios de comunicación. Por Mariana Huber (*)
Desde la propia Presidencia de la Nación asistimos a descalificaciones dirigidas a políticos, periodistas y a quienes se animan a pensar diferente. Las respuestas no tardan en llegar y terminamos atrapados en una batalla permanente de insultos y enfrentamientos, donde parece importar más desacreditar al otro que discutir los verdaderos problemas del país.
Mientras tanto, hay otra Argentina. Una que no aparece en los grandes debates televisivos, que no ocupa las primeras planas y que parece existir solamente cuando ocurre una tragedia.
La muerte de Nancy Godoy, docente rural de Corrientes, nos enfrenta dolorosamente con esa realidad. Una maestra que había denunciado las condiciones de abandono de la escuela donde trabajaba. Una escuela donde faltaban servicios esenciales y donde enseñar parecía depender más de la voluntad de una docente que de la presencia efectiva del Estado.
Las circunstancias de su muerte deberán ser esclarecidas por la Justicia. Pero hay algo que no necesita esperar una sentencia: la obligación de escuchar los reclamos de quienes sostienen diariamente la educación en nuestro país.
Y entonces surge una pregunta que debería incomodarnos a todos: ¿a quién le importa?
¿A quién le importa que haya escuelas sin agua potable, sin baños en condiciones, docentes que deben recorrer enormes distancias para llegar a enseñar y chicos que no reciben regularmente la educación que les corresponde?
¿A quién le importa esa Argentina que parece quedar fuera de las prioridades nacionales?
Nos hablan de inflación, equilibrio fiscal y estadísticas económicas. Y claro que la estabilidad importa.
Pero una Nación no se construye solamente ordenando sus cuentas.
También necesita producir, desarrollar su industria, generar empleo y garantizar oportunidades reales de progreso.
No alcanza con tener las cuentas ordenadas si, mientras tanto, se desordena y abandona la vida de las personas.
La educación, el trabajo y la producción no pueden convertirse en cuestiones secundarias frente a una discusión pública dominada por enfrentamientos personales.
Y aquí aparece otro problema: nuestra mirada excesivamente centralizada en Buenos Aires.
Somos un país federal, al menos así lo establece nuestra Constitución. Pero el federalismo no puede limitarse a una declaración de principios o a una discusión sobre la distribución de recursos.
Tiene que significar igualdad de oportunidades, presencia del Estado y reconocimiento de los derechos de cada argentino, independientemente del lugar donde viva.
Porque los argentinos somos uno.
No puede haber ciudadanos de primera y de segunda según la provincia donde nacieron, la distancia que los separa de la Capital Federal o la atención que los medios de comunicación decidan prestarles.
Y esta reflexión también nos alcanza en Escobar.
No necesitamos trasladarnos a una escuela rural de Corrientes para preguntarnos cómo estamos cuidando a nuestros docentes, en qué condiciones funcionan nuestros establecimientos educativos y qué herramientas tienen las familias para garantizar la educación de sus hijos.
Desde el Concejo Deliberante, aun respetando las competencias provinciales, podemos asumir un compromiso concreto: escuchar a las comunidades educativas, conocer sus necesidades, impulsar relevamientos sobre infraestructura, seguridad y servicios esenciales, y acompañar el seguimiento de los reclamos ante las autoridades correspondientes.
Porque los problemas no deberían necesitar una tragedia para convertirse en una prioridad.
La muerte de Nancy Godoy debería dejarnos una enseñanza que trasciende las responsabilidades penales que deberá determinar la Justicia: las instituciones tienen que aprender a escuchar antes de que sea demasiado tarde.
Tal vez haya llegado el momento de preguntarnos que estamos haciendo con la política, una guerra de bandos, que olvida que son representantes de todos.
Nos hemos acostumbrado tanto a los adjetivos, a las descalificaciones y a los enfrentamientos que pareciera que olvidamos los sustantivos.
Educación. Trabajo. Producción. Industria. Desarrollo. Dignidad. Personas.
Es hora de sustantivar la política.
Menos agravios, más educación. Menos enfrentamientos, más trabajo. Menos protagonismo político, más compromiso con la gente.
Una Nación no se mide solamente por sus indicadores económicos, sino también por las oportunidades que ofrece y por cómo cuida a quienes la habitan.
No podemos hablar de desarrollo mientras haya chicos que no acceden a una educación digna. No podemos hablar de progreso mientras se destruyen oportunidades de trabajo. Y no podemos hablar de federalismo mientras existan comunidades enteras que permanecen invisibles para quienes toman las decisiones.
La muerte de Nancy Godoy no debería convertirse en otra noticia que conmueve durante unos días y después desaparece de la agenda pública.
Debería obligarnos a mirar aquello que muchas veces preferimos no ver.
Porque gobernar no es solamente administrar recursos ni ocupar espacios de poder. Es asumir la responsabilidad de mejorar las condiciones de vida de las personas.
Los argentinos somos uno. Y mientras haya un solo argentino olvidado, tendremos una deuda como Nación.
Es hora de que la política vuelva a ocuparse de lo que verdaderamente importa.
Nuestra gente.
(*) Mariana Huber
Concejal de Escobar
Consolidación Argentina – Somos Uno









